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Hace 28 años, el 12 de agosto de 1991, Metallica sacaba su disco ‘Black album’

12 Agosto, 2019

Hace 28 años, el 12 de agosto de 1991, Metallica sacaba su quinto disco, una obra titulada como la banda pero que pasaría a conocerse como ‘Black album’ o ‘Disco negro’, que les convertiría en la banda de metal más famosa y vendedora de la historia. Pero más allá de su tremendo éxito, el ‘Disco negro’ fue el que dividió claramente su carrera, marcando el punto en el que la banda dejaba atrás el ‘thrash’ de sus inicios por un sonido mucho más pesado y lento. Un disco mítico que les convirtió en superestrellas y llevó el metal a toda una generación nueva.
La década de los 90 iba a suponer un tremendo cambio para la música rock y para la industria de la música en general, pasando del éxito de los grupos de ‘hair metal’ a la irrupción del ‘grunge’ y la música alternativa, 1991 fue el año clave con la aparición del ‘Nevermind’ de Nirvana, el ‘Ten’ de Pearl Jam y el ‘Badmotorfinger’ de Soundgarden. Pero ese mismo año Metallica hizo una actualización de su sonido que les iba a situar como los grandes supervivientes de la anterior década. Ellos nunca habían sido parte de la escena del ‘hair metal’, ellos eran los reyes del ‘trash’, la banda de referencia para todas las demás bandas. Contaban con dos discos definitorios a las espaldas, ‘Ride the lightning’ y ‘Master of puppets’ y habían alcanzado el éxito popular con ‘…And Justice for All’, su primer disco sin el bajista original Cliff Burton. Con ‘…And Justice for All’ Metallica había tocado techo a la hora de tocar como banda largos, y complejos, temas musicales. Así que cuando se pusieron a grabar su continuación buscaron un enfoque más simple y directo, una de sus discos de referencia era el ‘Santo Grial’ del rock and roll básico y directo, el ‘Back in black’ de AC/DC.

Una de las primeras decisiones que tomaron fue la de contratar al productor Bob Rock, que había tenido un gran éxito con Mötley Crüe, el cual ralentizó el tempo de muchas de sus canciones e incluyó arreglos de cuerdas en sus canciones. La banda estaba dispuesta a arriesgar pero el choque con el productor fue áspero, con ambos bandos jurando que no volverían a grabar juntos. Algo que, tras el resultado, se comprobó falso, con Rock haciéndose cargo de las tareas de producción del resto de discos de la banda desde entonces. Pero las sesiones fueron tensas con el productor llevando a la banda al límite. Como declaró Lars Ulrich: “Nosotros pensábamos de nosotros mismos que éramos grandiosos, que éramos ‘Big Bad Metallica’ pero Bob nos enseñó una nueva palabra y significado: sentimientos”. Por si fuera poco, las tensiones de la grabación se trasladaron del estudio a los hogares de los músicos y durante la grabación del ‘Black album’ se divorciaron tres de sus integrantes, el propio Ulrich, el guitarrista Kirk Hammett y el bajista Jason Newsted. Para entender lo que debe ser una grabación de Metallica solo hay que ver ese documental tan increíble que es ‘Some kind of monster’ y trasladarlo a un momento con una creatividad mucho mayor.

Y es que para este disco la banda entregó algunas de sus mejores canciones, baste recordar los cinco ‘singles’ que fueron publicados del disco ‘Enter Sandman’, ‘Sad but true’, ‘Nothing else matters’, ‘The Unforgiven’ o ‘Wherever I May Roam’. La primera es la mejor del lote y es, junto a ‘Master of puppets’, lo mejor de su cancionero. Un riff colosal que fue lo primero que se grabó del disco y que supuso el descubrimiento de “una nueva energía y sonido” para la banda, según Ulrich. Ya desde ese inicio se puede comprobar que la banda dice adiós a la velocidad del relámpago y la cambian por una música igualmente amenazante pero mucho más pesada y clásica.

Pero el ‘Disco negro’ también fue el disco en el que James Hetfield decide combinar sus característicos gritos por una forma de cantar mucho más convencional, influido por una canción que no se podía quitar de la cabeza en aquel tiempo, el ‘Wicked game’ de Chris Isaak, algo que se puede ver claramente en los momentos más calmados como ‘Nothing else matters’ o, especialmente, ‘The Unforgiven’, una canción que a Kirk Hammett le recordaba al “blues y rock de los setenta” pero comenzaba con una referencia al ‘The ecstasy of gold’ de Ennio Morricone, una influencia impensable hasta hacía poco en los creadores de ‘Kill ’em all’.

‘Black album’ estalló de una forma sin precedentes y se convirtió en uno de los discos más vendidos de la historia (entrando en el exclusivo club de los que han vendido más de 30 millones), además de ser el disco de metal más vendido de la historia. A día de hoy sigue vendiendo miles de copias, por ejemplo en 2014, el álbum vendió cerca de 2.000 unidades por semana y en febrero de 2016 llegó a su semana 363 en la lista de ventas estadonunidense. A pesar de todo, este fue el último gran disco de la banda, el único que puede reclamarle el título de mejor disco de su carrera a ‘Master of puppets’, ya que nunca más volverían a reunir otra colección de canciones como esta, ni tampoco volverían a la infartante velocidad de sus inicios. Muchos fans vieron en este disco una venta del alma ‘trash metal’ de la banda pero ‘The Black Album’ confirmó que Metallica era mucho más que la banda más importante del género. Eran una de las grandes bandas de rock sin adjetivos de la historia.

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