[Live Review] Exodus: Una lección de Violencia de la Vieja Escuela
¡Lo de anoche fue una brutalidad total! Nadie salió ileso del teatro Cariola, porque todos fuimos despedazados por la resonancia desquiciada de las leyendas del Bay Area, los tremendos Exodus.
Los californianos se presentaron anoche recordando su disco Bonded by Blood, un clásico que cumplió nada menos que 40 años y que marcó para siempre el thrash metal, con esa portada tan perturbadora de bebés unidos por un lazo de sangre maldito, además de influenciar de manera trascendental a toda una generación que clamaba por más fuerza y velocidad.
El inicio de la feroz jornada llegó desde las oscuras costas de Valparaíso, con el impío death metal de Infernal Thorns. La mortífera función comenzó con Death Chants, para luego sumergir al público en un torrente de sangre sonora con Forsaken. La banda instauró una atmósfera de horror con tintes lovecraftianos, impregnada de sonidos supurantes y dantescos, que atraparon a los primeros espectadores que llegaban al evento.
La brutal exhibición prosiguió con Christ Distressed, tema de su próximo trabajo Christus Venari —que será estrenado a finales de octubre—, desplegando un sonido crudo, corrosivo y malévolo, con riffs que parecían elaborados con cuerdas pasadas por afilados vidrios, evidenciando la influencia de las viejas escuelas extremas en su composición. El cuarteto de blasfemos culminó su ritual con Red Clouded Sky, canción que desató la exaltación de los presentes y provocó el primer mosh de la jornada. La banda deleitó con una presentación extrema, siniestra y despiadada que estremeció por su energía pérfida y por llevarnos al lado oscuro del campo sonoro.
Es momento del thrash metal, y nuestros representantes nacionales, Terror Society, suben al escenario iniciando su presentación con Worlds Collide, Ashes to the Cosmos y The Chair, recibiendo una recepción bastante positiva por parte del público, las que encendieron de inmediato la llama del desorden de los presentes que iniciaron el moshpit al escuchar el primer ensordecedor acorde.
En esta ocasión, percibí una enorme evolución y refinamiento en el sonido, ejecución y composición de la banda, especialmente en Hypocrite y My Last Days, ambas de su material más reciente “The Scars of Mankind”, en donde se evidencian estos notorios cambios como la pulcritud en el sonido, riff más complejos y técnicos, mezclados con letras que transmiten emociones intensas como la rabia, el descontento y la decepción además de fuertes críticas políticas y sociales.
La banda se despidió con su último grito de batalla, Sins, una pieza caótica y veloz que forma parte de sus primeros años en la escena, y con la cual calentaron los motores de este carnaval de metal.
El teatro estaba repleto, de verdad, fue increíble ver todo copado, sentir la ansiedad y pasión de la gente antes de que empiece el show principal. Personalmente, es algo que nunca me dejará de encantar de los conciertos de metal y de la cual me gusta ser participe. De repente, las luces se apagaron, un grito ensordecedor explotó de ese mar de gente, mientras de fondo se escuchaba un discurso que adelantaba lo que sería una de las noches más locas que ha presenciado la capital.
Veloces y letales, Exodus no dio espacio para la tregua, y la inminente masacre se dio inicio con la furiosa y sanguinaria Bonded by Blood; nada más con el primer temible rugido de Rod Dukes, también se encendió la bengala que iluminaba un bestial mosh, el que se repetiría durante toda la maldita jornada.
Todavía no nos recuperábamos del primer ataque cuando fuimos pateados despiadadamente por Exodus, la que venía cargada de puro salvajismo y nos lanzaba directo a las fauces de la insanidad.
La maestría de estas leyendas siguió con And Then There Were None, apoyados por el coro unísono del público en las estrofas “In sin, God cries, World dies”. Luego recargaron el ímpetu de los bangers con una dosis de sucia agresividad a cargo de A Lesson in Violence, para continuar con un tema que representa a toda la legión metalera que alzaba sus puños y gritaba el himno a la pasión desenfrenada por el género: Metal Command.
Además de los temas del disco festejado, Exodus hizo un breve repaso por su discografía, rompiendo tímpanos con Blacklist (donde marca fuerte la presencia de las líneas de bajo donde fuerte la presencia de las líneas de bajo de Kragen Lum, quien también participa en Heathen) ) e Impaler, canciones correspondientes del álbum Tempo of the Damned. Estos temas marcaron la jornada con su intensidad, violencia y tecnicismo, mostrando la madurez compositiva de la banda y la perfección técnica. Aquí podemos escuchar riffs que simplemente vuelan la cabeza. Además de interpretar temazos como Brain Dead del disco Pleasure of the flesh y la adrenalínica Fabuluos Disaster, en la que se destaca la demoledora batería de las baquetas del señor Tom Hunting.
La intro con arpegio de la mano del gran Gary Holt, nos transportó nuevamente al año 1985, anunciando que se venía la segunda parte de la conmemoración con la canción No Love, en donde pudimos apreciar esos cambios densos con el juego de escalas entre Holt y Lee Altus que hicieron vibrar a un público extasiado.
Fue impresionante ver la energía de los fans, porque a pesar de ser brutalmente arremetidos por el arsenal de estas bestias del thrash, todavía tenían aguante para soportar la ferocidad de Deliver Us To Evil y Piranha, temas en los cuales se pierde el límite de la velocidad y el descontrol.
Para The Toxic Waltz, Rod Dukes dividió al público para crear un Wall of death que era solo para temerarios; definitivamente fue uno de los momentazos del concierto. En un solo acorde que azotó al teatro, todos los contrincantes eran uno solo, una sola masa que se agitaba al ritmo del sonido más macabro y agresivo. En este punto se vio la locura y arrojo del público chileno dispuesto a dejar el alma y el cuerpo en la cancha por el amor al metal.
Finalmente, esta noche llena de destrucción acaba con los trastornados riffs de Strike of the beast, canción que se quedó con el último respiro de los bangers, que estaban noqueados por la crudeza y velocidad que descargaron las leyendas del Bay Area con una destreza impecable.
La experiencia de anoche fue alucinante por todos los factores: gran elección en los teloneros, un público entregado a la ferviente de pasión por el metal ochentero y Exodus que nos dio cátedra de agresividad, velocidad y tecnicismo, marcando su legado con sudor y fuego, demostrando que aún son los amos y máximos influencia en el sonido del thrash.
Review por: Rocío Muñoz
Fotografías gentileza de: Rubén Garate (@brutal_pebre_)






































