[Live Review] 40 años de PENTAGRAM: la historia viva del metal chileno

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Caluroso sábado de diciembre, el último del año, y cómo no despedirlo con buen metal. Esta era la ocasión precisa para hacerlo: PENTAGRAM, sin duda la banda más emblemática en la historia del metal en Chile, cumple cuatro décadas de trayectoria. Banda de culto a nivel mundial, y en casa son prácticamente dioses. El recinto no podía ser otro que el templo del metal santiaguino, el mítico Teatro Cariola, escenario de mil batallas y que esa noche era, literalmente, la caldera del mismísimo Lucifer. Un marco perfecto para esta verdadera antología del metal nacional. EXECRATOR, TORTURER, CERBERUS, NECRODEMON e INFERNAL THORNS fueron los encargados de acompañar a los festejados, conformando un cartel de lujo que, sin duda, estaba a la altura de tan solemne ocasión.

A eso de las 17:30 horas, y con un escaso marco de público, saltaban a escena los porteños de INFERNAL THORNS. Death Metal a la vieja usanza: riffs pesados y oscuros, acompañados de una voz gutural simplemente perfecta para la sólida base rítmica de la banda. Conectaron rápidamente con el público presente a esa hora, que cayó rendido a los pies de estos deathers. Ocultas atmósferas y podridas historias en sus letras, sumadas a un sonido demoledor, lograron que la propuesta no solo fuera bien recibida, sino que el público conectara de inmediato y la asumiera como propia, siendo absorbido por la oscuridad que detonaban desde el escenario. La banda mostró un resumen breve de su repertorio, debido a los minutos asignados por la producción, pero estos fueron más que suficientes para dominar al público presente. Temas como “Death Chants”, “Forsaken”, “Black Flesh”, “Christ Distressed”, “Serpents”, “A Death to Celebrate”, y cerrando con “Red Clouded Sky”, dieron cuenta de su poderío en vivo. Para los amantes del viejo y clásico sonido del Death Metal, visceral y blasfemo, sin duda esta es tu banda.

Ya avanzada la tarde, era el turno de otra de las bandas que ha surgido con fuerza dentro de la escena metalera nacional: NECRODEMON. Oriundos de Arica, pero radicados hace ya muchos años en Santiago, cultivan un Death Metal más melódico, aunque no por ello menos brutal. Riffs pegajosos y pesadísimos encendieron al público, que hay que mencionarlo fue un actor fundamental durante toda la jornada, entregando un apoyo transversal a todas las bandas, algo que no se veía desde hace años.
NECRODEMON es una de esas bandas que, casi inconscientemente, te dejan marcado después de verlos en vivo. Con un tremendo frontman como Cristian Gallegos, quien tuvo el dominio total del escenario, interactuando constantemente con el público y exhibiendo un registro vocal a la altura de la ocasión. Destacan también las cuerdas comandadas por Ignacio Espíndola y Ricardo Gallegos, junto a las machacantes cuatro cuerdas de Rod Velásquez, quienes conjugaban fielmente el mensaje que la banda entregaba: una propuesta lúdica pero oscura, cargada de un total repudio a la dictadura cristiana.

Mención aparte para la batería, a cargo de Nico González, quien completaba el círculo con solidez y precisión. El set fue un breve pero contundente repaso por su discografía, destacando temas como “Spiral of Madness”, “The Return”, “Burn Your Christians Burn!”, “The Lost Kind of Magic”, “Heaven’s Disdain”, “Through Infinite Grief”, y el ya clásico, convertido en una verdadera declaración de principios de la banda, el inconfundible “Que muera el perro Jesús”.
Una presentación a la altura de la ocasión: fuerza y pesadez a toda prueba. Dejaron su huella sin lugar a dudas… tremenda presentación.

Casi a las 19:30 horas salta a escena otro gran referente del metal nacional, EXECRATOR, de la mano del gran Álvaro Lillo, un tipo que a estas alturas no requiere mayor presentación. Uno de los llamados “embajadores del metal” a nivel mundial, hoy dedicado por completo a su hijo maldito. Desde el primer acorde, EXECRATOR nos sumerge en su característico y, por momentos, innovador Death Metal, capaz de provocar una verdadera catarsis colectiva cuando la banda comienza a sonar, y esta vez no fue la excepción. Como veníamos mencionando anteriormente, el público estaba prendidísimo, elevando aún más la temperatura de un Teatro Cariola que amenazaba con venirse abajo. Quiero destacar algo que me pareció de un profesionalismo, motivación y amor por la música dignos de admiración: el desempeño de su nuevo baterista, Aquiles Veas, quien con apenas dos ensayos previos saltó al escenario como si llevara años sentado tras los tambores de la banda. Simplemente notable. EXECRATOR, banda que he tenido la suerte de ver en numerosas ocasiones, mostró nuevamente su poderío característico y la visión de su líder, quien concibe el metal desde una perspectiva profunda y oscura, lejos de una simple pose. Aquí hay convencimiento real: oscuridad, anticristianismo y violencia como fórmula contundente y honesta. Dentro del set destacaron “…By Sorcery” y la tremenda versión de “Surprise! You’re Dead” de Faith No More, ambos incluidos en su placa homónima “Execrator”. Recuerdo muy bien este último tema, ya que en su época sonó bastante en radios, especialmente en Radio Concierto, durante su recordada etapa de Rock y Guitarras… qué tiempos aquellos. Luego continuaron los ataques certeros de verdadero metal al cráneo, ya castigado a esas alturas por riffs y acordes malditos, con cortes como “Reprisal”, “Suicide”, “Born Again”, “De Sangre y de Fuego”, “Hate Inside the Flesh”, “Symptom of Darkness”, y cerrando con el clásico “Silent Murder”.

Una presentación centrada principalmente en dos de sus grandes creaciones, las placas “Silent Murder” (1996) y “Execrator” (1998), una etapa fundamental de la banda que siempre se agradece revisitar. Lo de estos hijos de Lucifer ya no es novedad: una de las bandas ancla de nuestra escena, que volvió a demostrar, sin lugar a dudas, lo que mejor sabe hacer… tocar Death Metal de la forma más brutal posible.

Pasadas las 20:00 horas salta a escena otra horda nacional, CERBERUS, banda que desde el año 1993 viene cultivando un Death Metal técnico y clásico. Liderados por Juan Pablo Baquedano en voz y guitarras, Claudio Astorga en batería, Miguel Neira en bajo y Alejandro Mejías en guitarra, dejaron en claro desde el primer minuto que los años no pasan en vano. Con una puesta en escena notable, la banda logró dominar a una masa de bangers sedientos de sangre y metal, que prendieron rápidamente. Los mosh no se hicieron esperar, impulsados por la propia banda, que a punta de riffs malditos y brutales disparaba un mensaje retorcido, cargado de insanidad. Temas como “Repulsive Life Forms”, “Brutalized”, “Redemption of Demigod”, “I’m Hell”, “Scream from the Darkness”, “Immortal Hate”, “Decimation”, y cerrando con el tremendo “Ebola”, sin duda el caballo de batalla de estos hijos del verdadero metal extremo, marcaron un set demoledor.

Por momentos, durante su presentación, daba la sensación de que CERBERUS estaba ocupando el rol de cabeza de cartel. El público respondió de manera increíblemente intensa y brutal, haciendo de esta actuación algo inolvidable, tanto para la banda como para los asistentes. Fácilmente podrían haber grabado un videoclip aprovechando la alta efervescencia y el impacto que el Death Metal sigue reflejando con fuerza en nuestra escena. Una presentación sorprendente, que dejó en claro que CERBERUS no solo mantiene intacta su brutalidad, sino que sigue siendo una fuerza plenamente vigente y necesaria dentro del metal extremo nacional.
Ya pasadas las 21:00 horas, es el turno de otra de las bandas clásicas del metal chileno: TORTURER. Agrupación liderada por Francisco Cautín, que desde 1989 viene practicando un Death/Thrash aguerrido, sin filtros y con líricas conscientes, directas a la vena.La presentación comenzó con el clásico intro que abría el disco “Oppressed by the Force”, editado en 1992 por el ya desaparecido sello francés Infest Records, para luego desatar el caos con “Arachnophobia”, provocando la euforia colectiva de un Teatro Cariola ya repleto.A continuación llegaron los cortes “Evil Confession”, “Conjuro IV”, “Prince of Darkness” y “Guerras”, manteniendo una intensidad constante y sin respiro. En medio del set, Cautín se dirigió al público con palabras de unión dentro de la escena y sobre la importancia de fortalecer lo que hoy se vive en el metal nacional, recibiendo un respeto absoluto por parte de la audiencia. Con ese respaldo, la banda retomó su ataque con “Torture”, para cerrar con los clásicos “Oppressed by the Force” y “Kingdom of the Dark” (¿quizás un presagio de los nuevos aires que se avecinan?) verdaderos himnos que el público enfervorizado respondió con un incesante mosh, aumentando aún más la temperatura de una caldera en la que, a esas alturas, se había convertido el recinto de la calle San Diego. Una presentación sólida, directa y sin adornos. Los años de oficio marcan la diferencia y dejan claro de qué están hechos: TORTURER estuvo a la altura y lo demostró con creces.

Ya pasadas las 22:00 horas llega el turno del plato fuerte de la jornada: PENTAGRAM, agrupación liderada desde 1985 por Anton Reisenegger. Banda de culto a nivel mundial, incluso versionada por otras leyendas como NAPALM DEATH, y tomada como referencia por innumerables músicos alrededor del planeta, lo que los posiciona como un pilar indiscutido del metal extremo. Con 40 años de actividad, PENTAGRAM demuestra estar plenamente vigente, exhibiendo una madurez musical que no ha perdido la chispa inicial de sus comienzos. Las atmósferas oscuras de su música se mezclan con nuestra idiosincrasia y con la rica mitología chilena, especialmente la de la isla de Chiloé, poblada de demonios y criaturas malignas. Así lo dejaron claro desde el inicio con “El Imbunche”, tema que abrió la presentación y que forma parte de su último trabajo “Eternal Life of Madness” (2024). La respuesta del público no se hizo esperar: un caótico y desenfrenado mosh se desató de inmediato, una verdadera vorágine de cuerpos moviéndose hipnotizados por el mensaje oscuro emanado desde el escenario. Siguieron cortes como “The Death of Satan”, “Horror Vacui”, “The Portal”, “La Fiura” y “Ritual Human Sacrifice”, tema que, según palabras del propio Anton, contiene uno de los riffs más oscuros jamás creados dentro del metal. Esta primera etapa del show cerró con “Possessor”, consolidando un arranque sólido y devastador. En esta primera parte, la banda quiso dar protagonismo a su material más reciente, repasando composiciones que han fortalecido su presente y consolidado una alineación firme, integrada por Juan Pablo Uribe en guitarras, Kato Cueto en bajo y Juan Pablo Donoso en batería. Luego, la pantalla principal comenzó a proyectar material antiguo de la banda: un set fotográfico de su primera época, con imágenes conocidas y otras completamente inéditas, a la altura de una celebración de cuatro décadas. Este momento sirvió también como homenaje a quien partió tempranamente, pero dejó una huella imborrable tanto en sus compañeros como en los fanáticos más acérrimos: Alfredo “El Bey” Peña, histórico bajista de la banda.

Acto seguido llegó la segunda etapa del show, sin duda la más esperada de la noche: la ejecución íntegra de los temas de sus primeros demos, respetando el orden original, lo que añadió un valor emocional incalculable para todos los presentes. Comenzaron con el Demo #1 interpretando “Fatal Predictions”, el himno del metal chileno “Demoniac Possession” y “Spell of the Pentagram”. Emoción pura. Luego fue el turno del Demo #2, con “The Malefice”, “Profaner” y “Temple of Perdition”. Un verdadero lujo poder escuchar estas joyas del metal chileno en vivo, con una ejecución precisa y un sonido impecable. Para despedir este histórico setlist, la banda recurrió a otros pasajes fundamentales de su extensa trayectoria, interpretando “Evil Incarnate” y cerrando el show con un clásico casi perdido en el tiempo como “Demented”.

Un show increíble, absolutamente a la altura de una celebración de 40 años, que deja en evidencia una sola verdad: PENTAGRAM no vive de su legado, lo amplía. Cuatro décadas que no pesan, sino que se proyectan hacia el futuro, confirmando que la historia de esta banda está lejos de cerrarse.

Lo vivido esa noche no fue solo un concierto, fue una verdadera celebración del metal chileno en todas sus formas. Un agradecimiento profundo a cada una de las bandas por su entrega absoluta, a una producción impecable que permitió que todo fluyera de manera sólida y profesional, y a un público que estuvo a la altura, apoyando, respetando y viviendo cada presentación con una intensidad pocas veces vista.

Una antología del metal nacional, una fecha imborrable que dejó muy en alto nuestra escena y que quienes repletaron el Teatro Cariola difícilmente olvidarán. El metal chileno goza de excelente salud… y esta noche fue la prueba definitiva.

Por Octavio Ramos

Fotografías por: Rubén Garate

 

 

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