[Live Review] Terror en Santiago: hermandad, sudor y violencia sonora en una Sala Metrónomo al límite
La noche del martes 20 de enero de 2026, Santiago volvió a sentir el peso real del hardcore. Sala Metrónomo, completamente repleta y convertida en una caldera humana, fue el punto de encuentro para una de las citas más esperadas del año: el regreso de Terror, referentes absolutos del hardcore mundial, en el marco de su nueva gira latinoamericana y bajo la producción de Monkey.
Desde temprano, la escena ya se hacía visible en la fila: camisetas gastadas, tatuajes, viejos conocidos y nuevas caras compartiendo el mismo ritual. No era solo un concierto, era un reencuentro, una reafirmación de identidad.
La jornada comenzó cerca de las 19:30 con los nacionales Incinerar, quienes abrieron el fuego sin concesiones. Con un sonido brutal, crudo y aplastante, la banda dejó claro por qué es uno de los nombres más sólidos del hardcore chileno actual. Sus letras, cargadas de rabia, crítica social y rechazo a las estructuras impuestas, resonaron con fuerza en una sala que ya comenzaba a hervir. Incinerar no vino a “calentar” el ambiente: vino a incendiarlo.
Luego fue el turno de 562, quienes terminaron de encender los motores de la noche. Con un set intenso y directo, la banda logró mantener el ánimo arriba y la energía en constante ascenso. Sus letras, centradas en la lucha personal, la resistencia emocional y la pasión por el hardcore como forma de vida, conectaron de inmediato con el público. Cada canción se sintió honesta, vivida, y dejó a la sala lista para lo que se venía.
Cuando Terror finalmente subió al escenario, el calor ya era sofocante y el lugar estaba absolutamente lleno. La banda oriunda de Los Ángeles, formada en 2002, apareció con la contundencia que los ha mantenido como uno de los nombres más respetados del género por más de dos décadas. Scott Vogel, imparable desde el primer segundo, comandó la jornada con su habitual mezcla de carisma, furia y cercanía, recordándonos por qué es una de las voces más emblemáticas del hardcore moderno.
A su lado, el histórico Nick Jett en batería sostuvo el ritmo como una máquina de guerra, mientras Martin Stewart, Jordan Posner y Chris Linkovich levantaron un muro sonoro preciso, pesado y demoledor.
El setlist fue un recorrido directo y sin desvíos por la historia de la banda. Los clásicos de One with the Underdogs desataron el caos inmediato en el pit, mientras que los himnos de Keepers of the Faith reforzaron el mensaje de unidad, lealtad y perseverancia que siempre ha definido a Terror. A la par, los temas más recientes de Pain Into Power (2022) sonaron especialmente potentes en vivo, confirmando que la banda no vive de la nostalgia: sigue creando hardcore relevante, honesto y agresivo.
Como es costumbre, no existió distancia entre banda y público. Vogel bajó del escenario, gritó, señaló y alentó sin parar, incitando a la audiencia a convertirse en la verdadera protagonista de la noche. Exigía que todo fuera más intenso, más violento, más real. El intercambio fue total: circle pits incesantes, stage dives constantes y una sensación permanente de comunidad hicieron que cada canción se viviera como una descarga colectiva de rabia y energía compartida.
Más que un show, lo ocurrido en Sala Metrónomo fue una reafirmación. El hardcore sigue vivo en Chile, y Terror continúa siendo uno de sus principales portadores. La producción estuvo a la altura: sonido crudo, directo, sin adornos innecesarios, tal como el género lo exige.
El regreso de Terror no fue una fecha más en el calendario. Fue un recordatorio de por qué esta música importa, de por qué seguimos volviendo al frente del escenario, sudando, chocando y gritando cada palabra.
La noche del 20 de enero de 2026 quedó marcada a fuego: Terror volvió a Chile y dejó claro, una vez más, que el hardcore no es una moda. Es una forma de vida.
Review por Luis Jara.
Fotografías Créditos a @sebastiandominguez.photo
































