[Live Review] MOONSPELL: 30 AÑOS DE WOLFHEART Y EL RITO DE LA LUNA LLENA
Cae el otoño en una lluviosa tarde de viernes en Santiago, nuevamente en el mítico Teatro Cariola. Es la oportunidad de tener otra vez a MOONSPELL en Chile, pero esta visita tiene una connotación especial: celebrar los 30 años de su disco debut, Wolfheart, en el marco de su gira “Wolfheart and Other Stories 2026”, repasando una verdadera pieza maestra que se convirtió en acta fundacional del gothic metal. El álbum funciona casi como un relato fragmentado sobre la noche, la identidad y lo salvaje. Junto a ellos, dos tremendas cartas nacionales, MORTAJAS y MOURNERS LAMENT, representando con solidez el doom metal chileno. Sin duda, una jornada destinada a quedar en la memoria.
A eso de las 19:50 salta a la cancha MORTAJAS, banda oriunda de Villa Alemana, cultores de un doom metal clásico muy bien ejecutado. En 30 minutos despachan cuatro cortes de su discografía, con temas como “Miedo y Dolor”, “Caretas”, “Liber Elgis” y “He Perdonado”, haciendo un breve pero sólido repaso a su trabajo. Una presentación más que digna, que confirma el buen momento de la banda.
Luego era el turno de la otra carta del doom nacional: los viñamarinos de MOURNERS LAMENT, quienes ofrecieron una performance poderosa y melancólica. Destacaron especialmente las voces intensas de su frontman, Alfredo Pérez, aportando profundidad y un matiz sombrío a cada interpretación.
Abrieron con “Towards Abandonment”, proveniente de su última placa A Grey Farewell (2024). Melodías densas y melancólicas invitaron al público a sumergirse en un entorno etéreo pero envolvente, continuando con “Sadness Carries”, “Slumbers” y cerrando con “Mass Eulogy”. Una presentación que, en lo personal, me sorprendió gratamente y deja en claro el gran momento que vive la banda, así como el porqué de su presencia en una ocasión de este calibre.
Dan las 22:00 horas, se apagan las luces del Cariola y comienza el ritual… MOONSPELL abre los fuegos con una presentación épica, celebrando los 30 años de su disco debut Wolfheart, pieza fundamental de la banda lusa, donde logran conjugar black metal, gothic metal y folk pagano. Los primeros acordes de “Wolfshade” dan inicio a esta ceremonia, con una ejecución impecable y un Fernando Ribeiro cantando como en sus mejores años, desatando un éxtasis colectivo entre los asistentes que repletan el teatro. Le sigue “Love Crimes”, otro corte esencial de esta obra, con una destacada intervención vocal femenina a cargo de Eduarda Soeiro, aportando un clima aún más denso y envolvente.
El rito continúa con “…Of Dream and Drama”, donde resalta la calidad de Pedro Paixão en teclados, también miembro fundador de la banda, guiando al público hacia un viaje onírico. Luego es el turno de “Tenebrarum Oratorium”, proveniente de su EP debut Under the Moonspell (1994), una pieza cargada de oscuridad que expone el costado más infernal de su propuesta. La intensidad da paso al interludio instrumental “Lua d’Inverno”, creando el ambiente perfecto para la llegada de “Trebaruna” y “Ataegina”, dedicadas a deidades paganas lusitanas vinculadas a la protección, la muerte y el inframundo. Aquí la banda deja en evidencia su rechazo a la identidad cristiana moderna, reivindicando una espiritualidad ancestral olvidada.
El tramo siguiente mantiene la fuerza con “Vampiria” y “An Erotic Alchemy”, ejecutadas con precisión y carácter, marcando uno de los puntos más altos de la noche. El cierre de esta primera parte llega con “Alma Mater”, verdadero himno de la agrupación, coreado al unísono por un público consciente de estar presenciando una obra fundamental. Wolfheart suena a bosque, a sangre y a luna llena; es un viaje directo a la pertenencia, a la tierra y a las raíces ibéricas.
Ya en la segunda etapa del show, la banda repasa parte de su discografía con clásicos como “Opium” y “Awake!”, provenientes de otra obra clave como Irreligious (1996). La recta final continúa con “Extinct”, “Nocturna”, “Scorpion Flower” y “Everything Invaded”, para cerrar definitivamente con “Full Moon Madness”. Una presentación inolvidable, ejecutada con solidez y compromiso, que se agradece por su entrega y respeto tanto a sus seguidores como a su propia historia.
Fue una noche que cumplió con todo lo que prometía. Desde la solidez del doom nacional hasta un MOONSPELL impecable revisitando Wolfheart, el Cariola se transformó en escenario de una experiencia intensa y sin puntos bajos. Cada momento tuvo peso propio, pero también fue parte de un todo que fluyó con naturalidad.
Un cierre a la altura de su historia. De esos shows que no necesitan exageraciones: se viven, se sienten y quedan.
Por Octavio Ramos
Fotografías por Rubén Garate (@brutal_pebre_ en Instagram).


































