[Live Review] METAL BEER 3: Una descarga de metal en estado puro

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Parte este 2026 con una calurosa tarde de sábado y con una tercera edición de Metal Beer, festival que conjuga lo mejor del metal con ese elixir mágico nacido de la cebada. En esta ocasión, el evento cambia de locación (anteriormente el Hipódromo Chile) para instalarse en un recinto mítico del metal nacional: el Teatro Caupolicán, escenario de mil batallas y jornadas simplemente inolvidables. Para esta nueva entrega, las bandas elegidasson DEATH TO ALL, homenajeando el legado del padrino del death metal ChuckSchuldiner, repitiendo el plato tras su paso por la primera edición, y DESTRUCTION por elfrente internacional. En tanto, por Chile dirán presente DORSO, KYTHRONE, METAKIASE y AMNESSIA ETERNA. Una muestra variada de estilos y generaciones que comparten una sola misión: hacer temblar el Caupolicán y mover a la masa metalera presente en esta ocasión.

Los encargados de abrir los fuegos de este festival fueron los santiaguinos de AMNESIA ETERNA, una banda joven, pero que ya lleva un tiempo dando pasos firmes dentro de la escena metalera nacional. Con tres discos a su haber y un thrash metal técnico (al menos a mi parecer), mostraron en apenas 20 minutos de qué están hechos. Pese a lo breve de su set, lograron prender a los presentes, que extrañamente llegaron temprano para ver a
todas las bandas, como corresponde al apoyo del verdadero banger. Una buena presentación a mi gusto, corta, sí, pero que dejó ese pequeño sabor a poco y las ganas de volver a verlos en escena.

Luego fue el turno de una banda que, en cierto modo, había estado algo desaparecida (al menos según mi percepción). Me refiero a KYTHRONE, agrupación oriunda de la capital que cultiva un black metal primitivo y crudo. Pese a algunos problemas técnicos al comienzo, supieron subsanarlos rápidamente y continuar con un show impecable y oscuro, que no dejó indiferente a los asistentes, quienes poco a poco comenzaban a llenar el teatro de calle San Diego. Un espectáculo intenso, cargado de blasfemia y con una sólida performance en vivo, que dejó claro por qué esta banda fue en su momento un verdadero referente del black metal nacional y por qué, sin duda, podría volver a recuperar su trono.

Cerca de las 17:00 horas saltó a escena METAKIASE, banda originaria de la ciudad de PUCÓN, Región de La Araucanía, con una propuesta bastante ecléctica y distinta al resto del cartel. Mezclando metal con rock y coqueteando con el stoner, ofrecieron una presentación fresca y diferente, quizás lejos del clásico “tuca tuca”, pero con una muy buena respuesta por parte del público presente, que los escuchó con atención y mostró respeto hacia nuevas propuestas que, probablemente, en años anteriores no habrían tenido el mismo recibimiento. Liderados por Vipe Schindler en guitarra y voz, quien con notable humildad agradeció constantemente la respuesta del público, lograron conectar con los bangers presentes, sedientos de mosh, cerveza y metal tocado a velocidad extrema, aun cuando su propuesta iba por un carril distinto.

Ya son las 18:00 horas y es el turno de una de las verdaderas “sandías calás” de la jornada. Me refiero a DORSO, banda con 42 años a cuestas y una vasta discografía, marcada por múltiples cambios musicales que han sido abrazados por bangers de distintas generaciones. Liderados por el incombustible Pera Cuadra en bajo y voz, junto a Álvaro Soms en guitarra, Yamal Eltit en guitarras y dirección musical, y su nuevo baterista Sebastián Lifschitz, la banda sale a escena con la autoridad que solo otorgan las décadas de carretera. El inicio fue con el clásico “Deadly Pajarraco”, proveniente de El espanto surge de la tumba (1993), prendiendo ipso facto al público presente y generando los primeros mosh de la jornada. En sus 30 minutos de show, DORSO realizó un repaso por sus primeros trabajos, incluyendo “En los alrededores del tiempo”, extraído del discazo Bajo una luna cámbrica (1989), correspondiente a una de sus etapas iniciales, donde mezclaban letras cargadas al misticismo con un sonido distinto, más cercano al avant-garde, muy alejado de las etapas posteriores que derivaron hacia el gore más explícito, inspirado en el cine de Dario Argento y los primeros trabajos de Peter Jackson, todo cruzado por una sátira humorística única, pero siempre ejecutada de forma impecable. Elset continuó como un repaso a sus primeros pasos como banda, incluyendo temas como “El espanto surge de la tumba”, “Abducción” (proveniente del disco Blood de 1998), “Recolecciones macabras”, y cerrando con broche de oro con “Silvestre Holocausto” (feliz, feliz; alegre, alegre), dejándonos a todos los presentes con gusto a poco. El cierre vino acompañado de palabras de agradecimiento por parte de Pera Cuadra, coronando una presentación a la altura de lo que DORSO acostumbra a entregar. Como dato no menor, banda fue representante nacional en aquel Chile Metal Fest del 7 de noviembre de 1998, junto a leyendas como INCANTATION, CANNIBAL CORPSE y DEATH.

Pasadas las 19:00 horas, era el turno de una de las bandas más esperadas por los bangers sedientos de mosh, thrash metal y violencia: los teutones de DESTRUCTION. Liderados por el incombustible Schmier, a quien parece no pasarle el tiempo, la banda mostró la calidad a la que nos tienen acostumbrados. Uno de los “Big Four” del thrash alemán decía presente en este Metal Beer, partiendo con “Curse the Gods” y desatando el mosh más bestial de la jornada. En lo personal, esta formación en formato cuarteto me resulta aún más demoledora: dos guitarras que aportan mayor peso y una brutalidad extrema. Con Martín Furia y Damir Eskić en guitarras, y Randy Black en los tambores, la alineación es simplemente bestial, algo que se refleja en cada nota. El set avanzó como una lluvia de misiles sonoros con “Invincible Force”, “Nailed to the Cross”, “Scumbag Human Race”, “Mad Butcher” (clásico de clásicos), “Life Without Sense” y “Diabolical”, orquestando un caos total de thrash metal, stage diving y un violento mosh que se agradece sin dudas. Schmier, como buen frontman, mantuvo constante interacción con el público, pese a la barrera idiomática, incluso aventurándose con un español más que decente (quizás influenciado por su guitarrista Martín Furia, de origen argentino). El público respondió con fuerza, confirmando (tal como dijo Pera Cuadra más temprano) que somos uno de los países más metaleros del mundo, y de eso no me cabe duda alguna. La verdadera destrucción continuó con más clásicos: “Total Desaster”, “No Kings No Masters”, “A.N.G.S.T.”, “The Butcher Strikes Back”, “Antichrist”, “Eternal Ban” y “Destruction”, despidiéndose momentáneamente, aunque todos sabíamos que aún faltaba lo inevitable. Porque hay canciones que jamás pueden quedar fuera de un show de DESTRUCTION: “Bestial Invasion” y el cierre definitivo con “Thrash ’Til Death”. Una hora y media del más puro thrash metal, tocado como corresponde, sellando una nueva y exitosvisita de estos alemanes que, sin duda, volverán a Chile (ojalá en un futuro no muy lejano) a recordarnos cómo se hace el verdadero thrash metal.

Ya son las 21:00 horas y llega el turno de una de las bandas más esperadas desde hace mucho tiempo: DEATH TO ALL, un verdadero homenaje a la memoria y obra musical del gran Chuck Schuldiner. Un tributo real, honesto y legítimo, conformado por músicos que ayudaron a escribir la historia llamada DEATH y que lograron plasmar fielmente todo lo que creó Mr. Schuldiner. La banda está compuesta por Gene Hoglan en batería, cuya maestría quedó inmortalizada en Individual Thought Patterns (1993) y Symbolic (1995); Steve DiGiorgio en bajo, presente en joyas como Human (1991) e Individual Thought Patterns (1993); Bobby Koelble, parte fundamental de Symbolic (1995); y Max Phelps (actualmente en CYNIC) en guitarra y voz, completando una formación de lujo, cargada de historia y absolutamente indicada para rendir este homenaje.

El show comenzó con “Living Monstrosity”, alcanzando el éxtasis total del público, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de ver a DEATH en este mismo recinto (antes llamado Teatro Monumental), ya sea por una cuestión generacional o por no haber conseguido entrada en su momento. Aun así, el espíritu estaba ahí, flotando en el aire. El homenaje continuó de manera impecable con “Defensive Personalities”, “Lack of Comprehension”, “Altering the Future”, “Zombie Ritual”, “The Philosopher” (momento simplemente increíble), “Spiritual Healing”, “Symbolic”, “Zero Tolerance”, “Empty Words”
y “1,000 Eyes”. Steve DiGiorgio fue el encargado de interactuar con el público, incluso lanzando la clásica pregunta: ¿les está gustando? A lo que todos respondimos con un rotundo “¡sí!”, para luego rematar con su particular sentido del humor. Más allá de las anécdotas, es imposibleno destacar la maestría en la ejecución, la fidelidad en cada arreglo y el notable trabajo vocal de Max Phelps, cuyo timbre y fraseo nos transportaron en un verdadero déjà vu a la
época dorada de DEATH, provocando piel de gallina en más de un momento. El tramo final incluyó verdaderos himnos como “Without Judgement”, “Crystal Mountain” y “Misanthrope”, despidiéndose en un primer bis con “Perennial Quest”, dejando al Teatro Caupolicán completamente rendido. El regreso fue para cerrar esta jornada histórica con “Spirit Crusher” y el broche de oro definitivo con “Pull the Plug”.

Una presentación sencillamente increíble, apelando a la nostalgia y celebrando uno de los legados más importantes en la historia del metal. DEATH es una banda transversal, querida y respetada en Chile; cuesta encontrar a alguien que se diga banger y no sienta algo por su música. DEATH TO ALL no solo interpretó canciones: revivió una historia, la puso frente a nuestros ojos y nos recordó por qué esta música sigue siendo eterna. Y cuando las luces se encendieron, quedó claro que esa noche no solo vimos un festival, sino que fuimos testigos de la ejecución de un pedazo de la historia del metal.
Metal Beer III confirmó que no es solo un festival, sino una instancia donde conviven historia, presente y futuro del metal. Desde el empuje de las bandas nacionales hasta la autoridad de nombres internacionales, la jornada fue una celebración honesta, sin poses ni concesiones, pensada para el verdadero banger. El Teatro Caupolicán volvió a ser ese templo donde el metal se vive con cerveza en mano, cuello adolorido y alma satisfecha. Si este 2026 partió así, queda claro que el metal sigue más vivo que nunca… y que aún queda mucha cerveza y distorsión por derramar.

Review por: Octavio Ramos

Fotografías por: Rocío Muñoz @chasconaramonera

 

 

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