[Live Review] Malevolent Creation en Chile: La Coronación de la extrema Hostilidad

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El clima de Santiago es un desastre, un fenómeno tan delirante como impredecible sin precedentes alguno. Quizás estemos ad portas del apocalipsis… ¡quién sabe! Pero ni toda esta inestabilidad climática podría compararse con la demencial jornada que se desataría al interior de Sala RBX, donde las huestes del metal extremo se congregaron para rendir culto a la muerte, la blasfemia y la brutalidad. La ocasión marcaría el reencuentro de los estadounidenses Malevolent Creation con el público chileno después de su última visita en 2024, acompañados por dos auténticas leyendas de nuestro death metal: Death Yell y Atomic Aggressor. A esta macabra congregación se sumaría Mystic Circle, una malévola entidad resurgida desde las antiguas tierras del Sacro Imperio Romano Germánico, dispuesta a propagar su blasfemo arsenal de oscuridad. Cuatro agrupaciones, distintas expresiones de brutalidad y una misma consigna: desatar el caos. Todo bajo el sello de Chargola Producciones, responsable de convocar a estas malévolas agrupaciones para una ceremonia donde la violencia sonora y el desenfreno serían los protagonistas.

Cuando el reloj marcaba las seis de la tarde, una considerable cantidad de seguidores del metal extremo ya se congregaba para presenciar la arremetida de Death Yell, una de las agrupaciones más respetadas y emblemáticas del underground nacional. La convocatoria, pese al temprano horario, dejaba en evidencia el culto que la banda ha construido durante décadas dentro de la escena chilena, donde su nombre permanece estrechamente ligado a las raíces más primitivas y oscuras del death metal.
Bajo una atmósfera cargada de oscuridad, los primeros acordes de The Parrish dieron paso a una descarga de riffs corrosivos, percusiones implacables y voces cavernosas que parecían emerger desde las profundidades del averno. La agresividad continuó con Offering to the Priest y Confessions after Death, composiciones que exhibieron el carácter mordaz y despiadado de su propuesta, alternando arremetidas veloces con pasajes densos y asfixiantes que acentuaban la naturaleza siniestra de su sonido.
La brutalidad no concedió tregua con Predatory Preacher y Unholy See, mientras la banda mantenía una ejecución cruda y contundente. El repertorio prosiguió con Victim or Hangman y Heavenly Injustice, prolongando aquella ceremonia de violencia sonora donde las guitarras abrasivas y una base rítmica demoledora fueron protagonistas.
Hacia el tramo final, Altar Servers y Obsessed by the Vision terminaron de sellar una presentación marcada por la intensidad y la oscuridad. Death Yell reafirmó así su condición de referente indiscutido del metal extremo nacional, demostrando que el paso de los años no ha logrado domesticar la ferocidad de una agrupación cuyo legado continúa alimentándose del sacrilegio y la devastación.

Los siguientes en irrumpir sobre el escenario fueron las auténticas leyendas del metal extremo nacional: Atomic Aggressor. Pionera de la primera oleada del death metal chileno, la agrupación demostró por qué ocupa un lugar privilegiado dentro de nuestra historia y por qué su nombre continúa siendo objeto de culto y veneración entre los seguidores de la vieja escuela. Su presentación fue una auténtica carnicería sonora, marcada por riffs devastadores, una batería implacable y aquella ferocidad primitiva que ha caracterizado su propuesta desde sus orígenes. La masacre comenzó con The Primal Chaos, seguida de Bleed in the Altar y Spawn of Doom, desatando una violenta descarga de death metal, que hizo azotar los cuellos de un público completamente eufórico. La carnicería continuó con Bloody Ceremonial y Souls Degradation, temas que reafirmaron la vigencia de una banda que, lejos de vivir únicamente de su legado, continúa alimentando su repertorio con material de sus trabajos más recientes. La ejecución fue absolutamente demoledora. Los cambios de ritmo, las guitarras abrasivas y las voces guturales construyeron una atmósfera sofocante, mientras Sights of Suffering y Tormenting Voices prolongaban aquella ceremonia de destrucción. Cada embestida encontraba respuesta entre los asistentes, quienes no dejaron de sacudir sus cabezas ante semejante despliegue de brutalidad. Pero todavía quedaba una última sentencia. Con los primeros acordes del clásico Beyond Reality, la agrupación dio inicio al desenlace de una presentación memorable. Pese a estar contra el tiempo, la banda no estaba dispuesta a abandonar el escenario sin antes descargar su última dosis de brutalidad. En un gesto desafiante, su vocalista se desprendió del bajo para liberar un desgarrador alarido que terminó por coronar aquella ceremonia de devastación sonora. Atomic Aggressor no solo ofreció uno de los momentos más demoledores de la jornada, sino que reafirmó su condición de auténtico estandarte del death metal chileno. Un legado forjado con sangre y vísceras que continúa resonando con la misma ferocidad de sus primeros días. Algo que merece especial reconocimiento fue la convocatoria que consiguieron ambas bandas nacionales. Si bien el bar todavía no alcanzaba su máxima capacidad, una importante cantidad de bangers se congregó desde las primeras horas de la jornada para presenciar las actuaciones de Death Yell y Atomic Aggressor. Una respuesta que no solo refleja el cariño y respeto que ambas agrupaciones han cultivado durante décadas, sino también la vigencia de un legado profundamente arraigado en la historia del death metal chileno. Porque más allá de las grandes agrupaciones internacionales, nuestra escena cuenta con exponentes que han contribuido a sentar las bases del metal extremo nacional, dejando una huella imborrable en las nuevas generaciones.

La ceremonia continuó su curso, trayendo al púlpito a Mystic Circle. Los representantes de las tierras germanas transformaron el escenario en un auténtico aquelarre de blasfemia y oscuridad. Con sus atemorizantes corpse paint y una imponente presencia escénica, los alemanes desplegaron una propuesta feroz, donde la crudeza del black metal se entrelazó con ritmos contagiosos y una marcada influencia del rock and roll, dando forma a una presentación tan siniestra como electrizante. El ritual dio inicio con Belial Is My Name y The Scarecrow, desatando una descarga de guitarras afiladas, percusiones demoledoras y voces desgarradoras que parecían invocar a antiguas entidades demoníacas. Sin embargo, lejos de limitarse a una sucesión de embestidas brutales, Mystic Circle también dio espacio a los cambios de ritmo y a secciones particularmente pegadizas que hicieron saltar a los asistentes, quienes alzaban sus puños y coreaban las canciones como un ejército germánico rindiendo tributo a Satanás. Entre las composiciones interpretadas también figuró Letters from the Devil, mientras la agrupación continuaba desplegando su arsenal de oscuridad y violencia sonora. Pese a su estética intimidante y su postura sombría, los músicos demostraron una notable conexión con el público, interactuando con los presentes y alimentando una atmósfera de auténtica complicidad infernal. Uno de los momentos más llamativos ocurrió cuando el vocalista lanzó su polera hacia los asistentes, desatando una pequeña disputa entre quienes intentaban quedarse con aquel improvisado trofeo. Un gesto que contrastó con la solemnidad de su puesta en escena y dejó en evidencia la cercanía que consiguieron establecer con el público. Finalmente, los acordes de Erzdämon anunciaron el desenlace de aquella tertulia satánica, coronando una presentación marcada por la bestialidad, el desenfreno y una energía arrolladora. Mystic Circle demostró que la oscuridad también puede ser contagiosa, ofreciendo un espectáculo donde el black metal más blasfemo encontró un inesperado aliado en el espíritu irreverente del rock and roll.

La expectación había alcanzado su punto máximo y la Sala RBX se encontraba completamente abarrotada de seguidores del metal extremo, ansiosos por presenciar la arremetida de Malevolent Creation. La legendaria agrupación estadounidense, uno de los nombres más representativos del death metal de Florida, llegaba dispuesta a desatar una auténtica masacre, donde la velocidad, la violencia y la brutalidad serían las protagonistas de una noche destinada a quedar grabada en la memoria de los presentes.
Los primeros acordes de Eve of the Apocalypse anunciaron el comienzo de aquella devastadora ofensiva, pero fue con Premature Burial cuando se desató el caos y el recinto se convirtió en un verdadero campo de batalla. Una explosión de desenfreno se apoderó de los asistentes, quienes azotaban sus cuellos al ritmo de guitarras despiadadas, percusiones frenéticas y voces guturales que parecían emerger desde las entrañas de la muerte. El mosh se intensificó mientras la banda alentaba a sus seguidores a mantener viva aquella vorágine de destrucción. La carnicería continuó con composiciones como Slaughter of Innocence, Coronation of Our Domain y Dominated Resurgency, desplegando una sucesión de riffs cortantes, cambios de ritmo demoledores y una ejecución tan precisa como salvaje. Lejos de disminuir la intensidad, cada nueva descarga encontraba a un público completamente motivado, dispuesto a responder con la misma ferocidad que emanaba desde el escenario. La barbarie prosiguió con Living in Fear, Homicidal Rant y Multiple Stab Wounds, reafirmando el carácter implacable de una agrupación que ha hecho de la violencia sonora su sello distintivo. Pese a la ferocidad de su propuesta, los músicos mantuvieron una notable cercanía con sus seguidores, interactuando con ellos e incitándolos a prolongar el frenesí colectivo. Hacia el desenlace, la intensidad no concedió tregua y el recinto continuó estremeciéndose bajo el peso de aquella maquinaria de destrucción. Malevolent Creation había transformado la Sala RBX en un auténtico infierno de cuerpos agitados, cuellos castigados y metal de muerte ejecutado sin misericordia. Una presentación arrolladora que coronó la jornada con una descarga de brutalidad salvaje, demostrando que, después de décadas de trayectoria, Malevolent Creation continúa siendo sinónimo de agresión, barbarie y devastación absoluta.

Así culminó una jornada que reunió distintas generaciones y expresiones del metal extremo, desde las raíces más primitivas del death metal nacional hasta la blasfemia germánica y la despiadada violencia de la escuela estadounidense. Cuatro agrupaciones que, con sus respectivas propuestas, consiguieron transformar la Sala RBX en un escenario de desenfreno, oscuridad y brutalidad.

La noche dejó en evidencia la fidelidad de un público que continúa respondiendo al llamado de la malevolencia, reafirmando la vigencia de una escena que se resiste a la crueldad del tiempo.

Por Rocío Muñoz

Fotografías por a @brutal_pebre_ Rubén Garate.

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