[Live Review] Six Feet Under: una deuda saldada a punta de death metal
Teatro Cariola, domingo 25 de octubre
El debut de Six Feet Under en territorio nacional era una deuda que llevaba décadas acumulándose. Más de treinta años de trayectoria respaldan a una de las agrupaciones más reconocibles del death metal estadounidense, con músicos de recorrido y una identidad construida entre la pesadez, los ritmos arrastrados y una voz gutural que parece emerger desde un lugar sin retorno. La expectativa era alta: no todos los días se presencia por primera vez en Chile a una banda de esta dimensión. La jornada, además, contaba con dos representantes nacionales de peso y personalidad propia: Ghostspell y Pentagram Chile. La puntualidad volvió a ser un aspecto destacable de la producción: esa seriedad permitió que el concierto se desarrollara con la categoría que merece y que la música fuera el centro de la experiencia.
Ghostspell abrió la jornada con una presentación breve, pero de esas que dejan una impresión inmediata. El trío, proveniente de la zona de Nogales, en La Calera, trabaja una combinación de death y black metal furiosa y endemoniada, en la que la aceleración se cruza con pasajes lentos y densos. El resultado no es una suma mecánica de estilos, sino una brutalidad con carácter: el death aporta el golpe directo y el black, una atmósfera oscura e inmisericorde. Desde los primeros cortes se vio una banda convencida de su propuesta, que construye sus pasajes con un pulso casi hipnótico: la violencia no se mantiene siempre a la misma velocidad, sino que se repliega, toma impulso y vuelve a estallar.
Oblivion, tema que forma parte de su EP Black Witchcraft Vengeance (2025), elevó la intensidad con un trabajo instrumental especialmente preciso; su solo, técnico y bien resuelto, desembocó en una sección final que reforzó el costado más feroz del grupo. Fue uno de los momentos más sólidos de la presentación. El tramo final volvió a mostrar una veta más cercana al thrash, sin abandonar la aspereza del death metal. En una actuación acotada, Ghostspell logró instalar su nombre y dejar ganas de escuchar material nuevo: su discografía todavía es breve, por lo que será interesante ver cómo desarrollan esta mezcla en futuras composiciones. Una banda de la que conviene estar atento. Su setlist fue: Cremation of the Unholy Witch, Black Witchcraft Vengeance, Oblivion, Under the Ghostspell, The Nazgull’s Arise, Harakiri y Flesh.
La espera por Pentagram Chile transcurrió entre conversaciones, movimiento y una expectativa que crecía a medida que el teatro se llenaba. Su trayectoria permite imaginar lo que puede ocurrir sobre el escenario, pero verlos en directo vuelve a confirmar por qué su nombre ocupa un lugar tan importante dentro del metal chileno. El setlist fue breve y certero, ocho cortes sin pausas innecesarias: Fatal Predictions, Profaner, El Imbunche, Evil Incarnate, Possessor, La Fiura, Demented y Demoniac Possession.
Desde los primeros temas, Pentagram puso en circulación su combinación de thrash y death: riffs filosos, cambios veloces y una ejecución que no concede demasiado espacio para respirar. El Imbunche, tercer corte de la noche, fue una constatación contundente del nivel de la banda: cayó como un golpe seco y encontró respuesta inmediata en el público. La Fiura, en sexto lugar, fue otro de los puntos altos de un repertorio compacto. Entre ambos, Evil Incarnate y Possessor sostuvieron la intensidad y fueron empujando a los asistentes hacia el mosh. Pentagram sabe cómo administrar esa energía: no necesita sobreactuar, porque su música ya contiene el impulso suficiente para encender el recinto.
Hacia el cierre, con Demented y Demoniac Possession, la respuesta de los asistentes confirmó el vínculo que la banda ha construido con su audiencia. Los círculos se abrieron, algunos terminaron en el suelo y la celebración creció hasta convertir el final en una descarga colectiva. Pentagram es una agrupación respetada dentro y fuera de Chile, y esa valoración se sostiene en la calidad de sus canciones y en el rigor con que las ejecuta: thrash/death sin concesiones, con una capacidad intacta para contagiar.
Después de las presentaciones nacionales llegó el momento más esperado. Expuesto al cisma musical: así se sentía estar frente a Six Feet Under, una banda cuyo sonido se experimenta tanto en el cuerpo como en los oídos. La descarga abrió con War Is Coming, Silent Violence y Revenge of the Zombie, un tríptico que tuvo algo de celebración largamente postergada. La pesadez de las guitarras y la guturalidad de Chris Barnes confluyeron en Lycanthropy, cuarto tema y uno de los más celebrados de la noche. El público coreaba, giraba y se entregaba al movimiento; por momentos, escenario y cancha parecían formar parte de una misma fuerza.
La escena tenía un significado especial: más de tres décadas de actividad desembocaban por fin en el primer encuentro con el público chileno, y esa espera se hacía visible en la intensidad de la recepción. La banda se mueve con soltura entre pasajes lentos y abrasivos y arranques más directos, una combinación que define su versión más cruda del death metal. Sus canciones avanzan como un camino pedregoso: ásperas, sucias y salvajes, con una pesadez que no necesita velocidad permanente para resultar demoledora.
En los cortes siguientes (Torn to the Bone, Feasting on the Blood of the Insane, Victim of the Paranoid y Seed of Filth) apareció con claridad la alternancia entre densidad y ataque frontal. La sensación era la de una carnicería sostenida, una bruma espesa que envolvía el teatro y no daba tregua. Hubo momentos de ejecución particularmente sólidos y también un incidente con una guitarra que quebró por un instante la continuidad. Fuera de ese tropiezo, el concierto conservó una energía notable, y algunas canciones exhibieron una veta más rocanrolera y festiva que ayudó a variar el pulso sin abandonar la identidad de la banda.
En el tramo medio, que incluyó Death or Glory, Know-Nothing Ingrate, Mister Blood and Guts y Ghosts of the Undead, la intensidad tuvo ciertos altibajos: algunos temas resultaron menos memorables y por momentos la fórmula se sintió reiterativa. Es una observación necesaria, porque la brutalidad constante pierde efecto cuando las composiciones no ofrecen suficiente contraste. Sin embargo, esas zonas de menor impacto no alcanzaron a desarmar la experiencia general ni a borrar el peso de los momentos más convincentes, como Human Target y Beneath a Black Sky.
La interpretación de T.N.T., de AC/DC, le dio un giro inesperado al concierto. Six Feet Under tomó un clásico del rock y lo arrastró hacia su propio terreno: más pesado, áspero y oscuro, sin perder del todo su espíritu festivo. Fue una pausa distinta dentro de la descarga y renovó la respuesta del público. A esa altura el cansancio comenzaba a sentirse, pero todavía quedaba espacio para una última arremetida. El cierre llegó con dos covers de Cannibal Corpse, Stripped, Raped and Strangled y Hammer Smashed Face, que llevaron la ferocidad a un nivel pensado para terminar con todo. La relación de Barnes con ese repertorio añadió un peso particular a la interpretación: no fueron guiños nostálgicos, sino una nueva descarga de violencia sonora. Los últimos cortes se sintieron como una masacre (crudeza, velocidad y un público que convirtió el final en uno de los pasajes más intensos de la noche).
La jornada reunió tres propuestas distintas, pero coherentes con el espíritu de una noche de death metal. Ghostspell mostró una joven mezcla de death, black y thrash con mucho por desarrollar; Pentagram Chile ratificó su vigencia con un set breve, preciso y desatado; y Six Feet Under cumplió con el peso de su nombre, ofreciendo un concierto contundente que, pese a algunos tramos menos inspirados, justificó la espera.
La primera visita de Six Feet Under a Chile queda como una experiencia histórica para quienes aguardaron años este encuentro. Hubo irregularidades puntuales, pero también una sucesión de momentos demoledores, canciones celebradas y una atmósfera difícil de reproducir fuera del directo. La deuda quedó saldada en el Teatro Cariola: una noche de death metal pesado, gutural y sin demasiadas concesiones, compartida con dos bandas nacionales que estuvieron a la altura de la ocasión.
Por Felipe Bustamante Reyes
Fotografías por @_ignacioares











